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jueves, marzo 06, 2008

MANDAMIENTO: Ordenar antes de Desordenar

Ya sé que me repito, pero a veces es necesario ser redundante.

Cuando me dio la locura que quería ser escritor y comencé a escribir, lo único que tenía eran ideas sin contexto. Las anotaba en un cuaderno y apenas se agotaba la idea, no podía seguir escribiendo. Así de básico.

Tiempo después llegué a la conclusión que para escribir una historia, tenía que tener siempre en mente el final, de manera que al comenzar a redactar siempre sabría para dónde quería ir. Esta modalidad sirve para las historias cortas, de hasta tres mil palabras o un poco más.

Pero cuando las historias necesitaban explicar más, poner hincapié en algo específico o simplemente eran historias largas de cinco mil palabras y en aumento, la modalidad del final en mente no siempre me dio resultado, muchos de esos proyectos cayeron al olvido.

Y si la meta es una novela corta, con mayor razón una novela larga, la cosa se vuelve más compleja.

Pero gracias a mis investigaciones literarias y mi obsesión por mejorar —mi padre me felicitaba, "te pegaste la cachá quince años tarde, pero bueh" me dijo—, llegué a un "modelo" simple que podría ser útil para muchos autores que tienden a alargarse y perder el horizonte.
  1. Tener la historia en la cabeza, los personajes, los conflictos, los ambientes, contextos, etc. O sea, todo. Para una mente obsesiva de los detalles, como debe ser la de un escritor, esto es pan comido.
  2. Dividir la historia en capítulos, cuando cada capítulo cumple un objetivo general en la historia y tiene una conclusión relativa —o más de una cuando hay relatos paralelos—. Aquí vale la idea de tener el final del capítulo en mente. Y para los relatos paralelos, escribir cada uno de corrido, partiendo por el relato principal.
  3. Dividir los capítulos en escenas. Cada escena tiene personajes, contextos, etc... pero más importante, cumple un objetivo en el capítulo y en la obra final. Si la escena es acerca de lo bello que es el bosque —cómo olvidar esos interminables capítulos del Señor de los Ladrillos—, mejor obviarla o combinar lo bello del bosque mientras los personajes discuten algo, por ejemplo. Las escenas son como variables en una ecuación, que deben dar un resultado X y si el resultado no se logra, hay que buscar la variable que molesta o la que falta.
Y no hay que tener miedo ni desgano ante la posibilidad de reescribir escenas, ya sea agregando nuevas escenas, personajes o cualquier detalle que importe en el resultado final; o quitar elementos, personajes y cualquier elemento que entorpezca el desarrollo de la historia para cumplir el objetivo.

Por ejemplo en Harry Potter —me gusta usar este ejemplo, porque es una demostración de éxito comercial y de literatura escrita con esta modalidad—. Por ejemplo Luna Lovegood. ¿Cómo es que nunca supimos de ella sino hasta el quinto año? Porque antes de ese libro NO EXISTÍA. Recién a partir del 5º libro cumple un objetivo en la historia que ningún otro personaje podría subsanar, demostrando a Harry que puede soportar la mala onda, que puede valorar la amistad de una manera totalmente distinta y porque en el quinto libro entrega pistas acerca de esos caballos alados carnívoros.

Ahí cada libro es una unidad de una historia más grande. Cada libro está dividido en capítulos y cada uno tiene un objetivo claro, que puede ser responder a una interrogante planteada o producir una nueva interrogante que será resuelta después en otro capítulo o libro.



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"Mi origen es mi destino" - Ningen Janai

lunes, agosto 06, 2007

Mandamiento: NO ESCRIBIRÁS POR ESQUEMA

Escribir con un esquema es, en resumidas cuentas, usar un modelo prefabricado en el que sólo habría que llenar los espacios vacíos para crear una obra compleja en muy corto plazo.

Es sin duda el modelo de escritura que usan los autores prolíficos.

Distinto es el caso de Sthepen King, muy prolífico (claramente) que además de usar un esquema, usa una RECETA: una pizca de esto, otro poco de aquello... Y así el producto final es un plato preparado que da para los gustos de muchos lectores y, de paso, para hacer una película.

Además, dicen las malas lenguas que actualmente este hombre dedica más tiempo a evaluar lo que escriben sus medios pollos, en base a una idea propia, que a escribir él mismo.

En el caso de J.K. Rowling, he detectado un modelo de escritura bien interesante, aunque no sé si novedoso y menos si es apropiado para escribir cualquier cosa excepto Harry Potter: ella escribe desde el final.

Me explico: si sé cuál va a ser el final de la obra (Harry derrota al Oscuro), puedo colgar muchos elementos de él como de un móvil, respondiendo a preguntas no formuladas, que a su vez permitirán que cuelgue nuevos elementos donde se formularán las preguntas.

¿No sé como formular cierta pregunta que responderá a la duda que dará pie al descubrimiento de una pista que permitirá al protagonista derrotar a su enemigo? Entonces creo una situación o introduzco un personaje, o revelo un secreto en algún punto importante de la trama y dejo ese detalle flotando en la memoria del protagonista hasta que dicho conocimiento resulta de utilidad.

Estoy conjeturando. Pero me hace sentido este método luego de leer los siete libros de Harry Potter y darme cuenta de ciertos detalles que aparecían de la nada y que resultaban ser la clave para resolver un problema o dar con la respuesta al enigma. Ahí está Luna Lovegood, personaje que no aparece en la historia sino hacia el quinto libro, y que entre otras cosas le da a Harry una lección de tolerancia y amistad, al mismo tiempo que tiene la respuesta al enigma de los caballos carnívoros voladores que los ayudan a llegar al Ministerio, y a otros temas, por supuesto.

Cada respuesta es una cápsula de información, que exige una pregunta desprendida de otra cápsula. Y todas las cápsilas están unidas entre sí, recurriendo paulatinamente a la primera cápsula que es la pregunta inicial, la que desencadena la búsqueda y la acción.

Y si el autor o autora, como es el caso de JK, está escribiendo una obra que queda en continuación (que exige una secuela), que es autoconclusiva hasta cierto punto pero que deja incógnitas que se resuelven en los siguientes tomos de la saga, pues lo más simple es dejar cápsulas sin responder, creando varios árboles (uno por cada libro) que van colgándose desde el desenlace final hasta el principio absoluto de la obra.

¿Dónde está lo bueno de trabajar así? Bien, se establece una planificación de trabajo que aminora la carga creativa cuando se está en la mitad de un capítulo y no se sabe para dónde ir para resolver cierto problema que se me acaba de ocurrir, y es realmente útil para los que somos desordenados al momento de escribir, evitando que tengamos que mutilar la obra para evitar algún problema en el que nos hemos metido al dar rienda suelta a nuestra imaginación.

Se crea una especie de carta gantt, una línea de tiempo donde sabemos qué ocurre y cuándo ocurre, agregando elementos que apoyan a los otros, evitando aquellos elementos que nos llevan a puntos muertos. No habría asuntos sin resolver, porque todos los asuntos están resueltos antes de originarse. Repito, comenzamos con el final, así nadie se pierde, el objetivo siempre estará claro.

¿Y lo malo? No sabría decirlo. El proceso creativo de armar la historia, crear los personajes y establecer las dependencias entre las cápsulas que componen los capítulos se realiza antes, pero es creativo al fin. Y es ordenado. Luego hay que escribir la historia, poner texto donde antes había un esquema, dar vida a los personajes y poner diálogos donde antes habían sólo situaciones desencadenantes.

No creo que haya nada malo, porque no es una RECETA. Las recetas o "cómo hacer que tu novela sea exitosa", son las que degradan la obra. Para escribir un cuento la receta es absolutamente necesaria, pero en el caso de una novela (por muy corta que ésta sea) las recetas siempre conducen al exceso de información innecesaria que no aporta a la historia.

Por lo tanto el mandamiento que dice "NO ESCRIBIRÁS POR ESQUEMA" debe ser modificado por NO ESCRIBIRÁS BASÁNDOTE EN UNA RECETA. El esquema es bueno, es organización. Las recetas (en la novela) son una mala idea.

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"Mi origen es mi destino" - Ningen Janai

miércoles, agosto 01, 2007

Mandamiento: NO TE GUIARÁS POR LA MODA

Moda: "Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos".
Es fácil dejarse llevar por la moda, sobretodo cuando se está en una búsqueda personal de pertenencia. Hoy la moda es la "tribu urbana", pertenecer a un grupo selecto, casi exclusivo, que se diferencia del resto creando su propio código cultural, excluyendo y discriminando al resto por no ser como ellos.

Por supuesto que pasé por eso. Y la música fue el nexo que me unió a mi grupo de amigos durante el colegio y me permitió mantenerlos durante los ásperos años de la universidad. Pero hasta ahora no creía que la literatura también podía hacer el truco.

La moda literaria del día son los niños magos que no sabían que eran magos y que están predestinados a luchar contra el mal, personificado en un tipo muy malo y oscuro. Y antes de esta moda particular, estaban los grupos variopintos e hombres y criaturas mágicas (elfos, enanos, magos, y otros) que buscan algo y deben encontrarlo antes que los malos (trolls, gigantes y otros bichetes) comandados por un malvado. Métanle dragones entre medio, todo en blanco o negro, sin grises: el bien contra el mal, donde los buenos son perfectos y los malos son estúpidamente imperfectos, aunque sean poderosos.

La moda Tolkien tuvo su tiempo de auge literario, coronado por el estreno de la trilogía que llevó rápidamente a su declive. Lo último que apareció con éxito fue Eragon, el joven guerrero que comanda un dragón y que vende muchos libros que, curiosamente, dan para hacer una película taquillera. Es bien original en realidad, aunque se base en otras obras como los libros de Terramar, El Señor de los Anillos y El Vuelo del Dragón.

En los años 80 hubo una extraña moda cinematográfica, uno o más niños o pre-adolescentes presenciaban algo extraordinario y tenían grandes aventuras. Ahí tenemos a ET, El Niño que Podía Volar, D.A.R.Y.L., El Vuelo del Navigator, Los Goonies... Pero ahí no había una relación muy directa con la literatura, al menos no como ahora, cuando una película obliga a leer el libro en que está basada (o el cómic, que también está teniendo un mayor auge).

Cuando salió el Bodrio Da Vinci, ni hablar de los cientos de libros que predicaron la verdadera identidad de Jesús, María y los ovnis. Se desempolvaron viejas teorías. Se hizo una película con actores taquilleros y todavía estamos hablando de la verdadera misión de Judas.

Idéntico es el caso de la moda Rowling, quien creó este mundito del niño mago ignorante y sus amigos extraordinarios, y al mismo tiempo dio paso al show mediático gracias a las películas. Siete libros, siete películas. Miles de millones de dólares sólo en merchandising.

La cantidad de plata que se mueve en la industria del entretenimiento sólo gracias a Harry Potter es tan tremenda, que ha permitido a la autora comprarse un castillo y vivir como una reina. ¿Qué irá a escribir de ahora en adelante? Ya creo que nada, nada podrá superar el éxito de los siete libros best-seller, que seguirán vendiendo por algunas décadas más. Sería suficiente vivir de las regalías que le dará la franquicia de Potter. Y no me extrañaría que saliera alguna precuela o relato paralelo, las aventuras de Dumbledore, Los Weasley, Cuando Harry Conoció a Ginny... Y las películas remasterizadas, versiones extendidas, efectos especiales mejorados, y en varias décadas más el remake.

Y es por causa de este éxito que han aparecido niños magos por doquier. Ahora cualquier escritor con esperanzas de ganar millones escribe una historia de maguitos súper poderosos que sortean los problemas con la astucia de sus amigos, y la publica en alguna editorial que se nutre de las modas literarias (y cinematográficas) con la esperanza que se haga una película al respecto.

Ahí le tenemos "The Dark is Rising", una secuencia de libros que hablan de un chiquillo con poderes que es algo así como "el elegido" y que debe luchar contra el mal personificado en un tipo oscuro, siempre guiado por un grupo de personajes buenos y amigables. Le lleva una película llamada "The Seeker" y está llena de guiños a la obra de Rowling, y ni hablar de los nombres escogidos. Sólo espero que no vuelen en escobas.

Claro que hay muchos casos más, cientos, de novelas que parecen fanfictions de una obra lucrativa. La tentación es grande, aunque sea sólo por amor al arte. Claro que en inglés, porque a Chilito sólo llegan algunas traducidas, supongamos que son las más destacables de entre la amplia gama de compendios mitológicos.

Las compañías cinematográficas ya están buscando al próximo Potter, una serie de libros que esclavicen a los niños en la lectura (lo que no es tan malo), obliguen a comprar todos los libros si se quiere conocer el desenlace de la historia, que permitan hacer una o más películas y vender polleras y chapitas y tazones y anillos y corbatas y sombreros y toda la gama de productos asociados a la marca...

¿Qué hacer entonces? La necesidad tiene cara de hereje y un escritor con cientos de ideas no siempre tiene una que se ajuste a la moda del momento para asegurarse algunos billetes.

¿No es más fácil registrar el mercado, tomar nota de lo más vendido y navegar hacia esas aguas? ¿Será pecado?

No necesariamente. Si la idea es original, aunque el "mundo" en el que esté basada sea parecido a otro que es idea de alguien más, no debería existir culpa ni vergüenza al escribir.

Lo que sería patético es colgarse de la obra original y contar lo mismo o algo muy parecido usando los mismos conceptos y preceptos de otra obra famosa.

Por lo tanto, el mandamiento que dice NO TE GUIARÁS POR LA MODA puede ser rodeado, pero no ignorado.

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"Mi origen es mi destino" - Ningen Janai

miércoles, diciembre 28, 2005

Los Mandamientos (Según Guajardo)

1) Creerás en Dios aunque no puedas probar su existencia.

2) Dios nació con el Universo y es parte de él (y de ti). Dios es el Universo.

3) Si supones que Dios piensa como humano y tiene la moral y la ética de los humanos, estás absolutamente equivocado.

4) El cielo y el inierno no existen. Venimos de Dios, estamos aquí y al morir regresamos a Dios.

5) Cualquier religión o secta que te diga tener la verdad absoluta (o gran parte de ella) acerca de Dios y de la vida después de la vida, está mintiendo.

6) Cualquier religión o secta que ofrezca la salvación o la perdición eternas, sólo busca mantener el control sobre sus fieles para coartar el libre albedrío.

7) Cualquier religión o secta que exija dinero a sus fieles, es un negocio y se rige por las "leyes" del mercado, donde los fieles son "clientes".

8) Sólo tú eres responsable de tus actos y sus consecuencias. Tus decisiones pueden ser influidas, pero la responsabilidad final es sólo tuya.

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"Lo que nunca he tenido...
Falta no me hace"