Cuando me dio la locura que quería ser escritor y comencé a escribir, lo único que tenía eran ideas sin contexto. Las anotaba en un cuaderno y apenas se agotaba la idea, no podía seguir escribiendo. Así de básico.
Tiempo después llegué a la conclusión que para escribir una historia, tenía que tener siempre en mente el final, de manera que al comenzar a redactar siempre sabría para dónde quería ir. Esta modalidad sirve para las historias cortas, de hasta tres mil palabras o un poco más.
Pero cuando las historias necesitaban explicar más, poner hincapié en algo específico o simplemente eran historias largas de cinco mil palabras y en aumento, la modalidad del final en mente no siempre me dio resultado, muchos de esos proyectos cayeron al olvido.
Y si la meta es una novela corta, con mayor razón una novela larga, la cosa se vuelve más compleja.
Pero gracias a mis investigaciones literarias y mi obsesión por mejorar —mi padre me felicitaba, "te pegaste la cachá quince años tarde, pero bueh" me dijo—, llegué a un "modelo" simple que podría ser útil para muchos autores que tienden a alargarse y perder el horizonte.
- Tener la historia en la cabeza, los personajes, los conflictos, los ambientes, contextos, etc. O sea, todo. Para una mente obsesiva de los detalles, como debe ser la de un escritor, esto es pan comido.
- Dividir la historia en capítulos, cuando cada capítulo cumple un objetivo general en la historia y tiene una conclusión relativa —o más de una cuando hay relatos paralelos—. Aquí vale la idea de tener el final del capítulo en mente. Y para los relatos paralelos, escribir cada uno de corrido, partiendo por el relato principal.
- Dividir los capítulos en escenas. Cada escena tiene personajes, contextos, etc... pero más importante, cumple un objetivo en el capítulo y en la obra final. Si la escena es acerca de lo bello que es el bosque —cómo olvidar esos interminables capítulos del Señor de los Ladrillos—, mejor obviarla o combinar lo bello del bosque mientras los personajes discuten algo, por ejemplo. Las escenas son como variables en una ecuación, que deben dar un resultado X y si el resultado no se logra, hay que buscar la variable que molesta o la que falta.
Por ejemplo en Harry Potter —me gusta usar este ejemplo, porque es una demostración de éxito comercial y de literatura escrita con esta modalidad—. Por ejemplo Luna Lovegood. ¿Cómo es que nunca supimos de ella sino hasta el quinto año? Porque antes de ese libro NO EXISTÍA. Recién a partir del 5º libro cumple un objetivo en la historia que ningún otro personaje podría subsanar, demostrando a Harry que puede soportar la mala onda, que puede valorar la amistad de una manera totalmente distinta y porque en el quinto libro entrega pistas acerca de esos caballos alados carnívoros.
Ahí cada libro es una unidad de una historia más grande. Cada libro está dividido en capítulos y cada uno tiene un objetivo claro, que puede ser responder a una interrogante planteada o producir una nueva interrogante que será resuelta después en otro capítulo o libro.
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"Mi origen es mi destino" - Ningen Janai


